PGA Tour, el estadunidense Cameron Young dio otra clínica de golf extraordinaria, cuando este domingo capturó el Cadillac Championship

PGA Tour, el estadunidense Cameron Young dio otra clínica de golf extraordinaria, cuando este domingo capturó el Cadillac Championship

En el PGA Tour, el estadunidense Cameron Young dio otra clínica de golf extraordinaria, cuando este domingo capturó el Cadillac Championship, en la legendaria cancha de Trump National, Doral, mediante recorridos de 64-67-70-68 para total de 269 golpes, 19-bajo par. Prácticamente, ya en los últimos 18 hoyos, era un hecho que nadie le iba a arrebatar este campeonato al estadunidense, quien brilló como nunca en esta semana. Evidentemente, ello le quitó dramatismo a la ronda final, en donde la única incógnita no era quién saldría victorioso, sino por cuántos golpes de ventaja sería el triunfo de Young. Fácil decirlo, pero teniendo de compañero de grupo a Scottie Scheffler, se antojaba complicado. Al final, el propio Scheffler terminó por reconocer el altísimo nivel de juego que exhibió Cameron Young esta semana, en una gran cancha de Doral. Ni él ni Ben Griffin, el otro compañero de grupo, lograron presionar con fuerza al nuevo campeón.

Scottie Scheffler, como en muchas ocasiones en esta temporada, ha batallado mucho con arranques lentos, que le impiden al final contender por el título. Esta semana, no fue la excepción, ya que el número uno del mundo inició lento, con 71 golpes. Conforme fue avanzando el torneo, Scottie se fue acercando, con vueltas de 67-69-68, pero la ventaja de Young era tal, que ya fue imposible que alguno le diera una gran sorpresa. Scheffler, en una demostración de su inmensa calidad, se quedó con el subcampeonato en solitario, con su score de 275 golpes, 13-bajo par. Pareciera increíble que el margen de ventaja de Young sobre Scheffler haya sido de seis golpes. Pero así fue.
Ben Griffin, en una gran demostración, cerró fuerte y con parciales de 70-70-68-68, 12-bajo par, ocupó el tercer sitio en solitario.

El veterano Adam Scott, quien ganó en Doral en 2016, cerró en grande, con registro de 64, ocho-bajo par, que lo hizo escalar posiciones hasta empatar en el cuarto lugar, al lado de Sepp Straka (66) y Si Woo Kim (70), cada uno con total de 277 golpes, 11-bajo par.
Para Cameron Young, esta fue su segundo título en esta temporada, tras su brillante victoria en el Players Championship, en donde superó a Matt Fitzpatrick en emotivo desenlace. Sin discusión, se ha convertido en uno de los jugadores estelares en el PGA Tour.

Mauricio Durazo Villanueva

LPGA, la encendida estadunidense Nelly Korda sumó un nuevo título en su cosecha de 2026

LPGA, la encendida estadunidense Nelly Korda sumó un nuevo título en su cosecha de 2026

En la LPGA, la encendida estadunidense Nelly Korda sumó este domingo un nuevo título en su cosecha de 2026, mediante una sólida ronda final de 69 golpes, tres-bajo par, que le dio un gran total de 271, 17-bajo par, en la formidable cancha de El Camaleón, en Mayakobá. No fue estrictamente de punta a punta, como sucedió la semana previa en el Chevron Championship, el primer torneo mayor del calendario, pero fue algo muy parecido, ya que Korda, con subtotal de nueve-bajo par en los primeros 36 hoyos, compartía la punta con Brianna Do. A partir de este momento, Korda escapó de sus perseguidoras y con vueltas de 67-69, se llevó el torneo con score de 271 golpes.

Una actuación muy sólida, como las que acostumbra esta extraordinaria jugadora, quien suma ya tres conquistas en este año. Capturó el primer torneo del año, en Florida y la semana pasada ganó en el Chevron, de punta a punta. Esta vez, en México, un país que no la había visto ganar, en lo que fue su decimoctava victoria en la LPGA. Con ello, Korda se ha posicionado a solo cuatro puntos de ser elegible para el Salón de la Fama. Además, es la primer jugadora en esta temporada que alcanza tres títulos, superando a Hyo Joo Kim y a Hannah Green. Ya desde la semana pasada habíamos señalado lo relevante que era el hecho de la presencia de Nelly Korda en el Riviera Maya Open, at Mayakobá.
En el segundo sitio, se ubicó la tailandesa Arpichaya Yubol, quien sumó vueltas de 70-69-66-70, para score de 275 golpes, 13-bajo par. Los destellos de esta prometedora jugadora hicieron que el margen de victoria de Korda no fuese mayor. Terminó a cuatro golpes de la campeona.

La china Yu Liu también tuvo sus momentos de brillantez esta semana en Riviera Maya y con parciales de 72-66-69-69 para 276 golpes, se quedó con el tercer lugar en solitario.
Mención especial merece la actuación de la colombiana María José Marín (amateur), quien sumó vueltas de 71-71-69-69 para score de 280 golpes, ocho-bajo par. Con este registro, Marín terminó solitaria en el quinto puesto y continúa una gran temporada de muchos éxitos.

Gaby López, por momentos estuvo cerca de las primeras posiciones, con vueltas de 68-71, cinco-bajo par, que le auguraban un final prometedor. No obstante, con 73-73, la mexicana perdió posiciones y finalizó con score de 285 golpes, tres-bajo par, empatada en el lugar 20. Por su parte, Isabella Fierro tuvo un gran cierre, con 67 golpes, cinco-bajo par, que la hizo escalar hasta el lugar 27, con score de 286 golpes, dos-bajo par. El resto de las mexicanas, no lograron pasar el corte.

Mauricio Durazo Villanueva

Asian Tour, un final con tintes dramáticos fue lo que se vivió este domingo en el 45 Caltex Maekyung Open Golf Championship

Asian Tour, un final con tintes dramáticos fue lo que se vivió este domingo en el 45 Caltex Maekyung Open Golf Championship

En el Asian Tour, un final con tintes dramáticos fue lo que se vivió este domingo en el 45 Caltex Maekyung Open Golf Championship, en un torneo que fue definido en muerte súbita. Todo esto, en Corea del Sur, ante una gran emoción del público congregado, ya que los dos protagonistas son de nacionalidad coreana. Minhyuk Song, de 22 años, fue el eventual ganador, luego de haber embocado su putt para par en el primer hoyo del desempate.

Mingyu Cho, el otro finalista, no fue capaz de igualar el par, escribiendo así el destino del torneo en favor de Song, quien así conquistó su primer título en este circuito. Ambos jugadores finalizaron los 72 hoyos con score de 273 golpes, 11-bajo par, con ambos jugadores manteniendo un cerrado duelo en los últimos 18 hoyos, en donde igualaron con 70 golpes, uno-bajo par.

Otro jugador coreano, Inhoi Hur, pensó que también participaría en la muerte súbita, ya que aparentemente había finalizado con score de 273, 11-bajo par, con una sensacional ronda final de 64 golpes, siete-bajo par. Sin embargo y en una aplicación de reglas, Hur fue penalizado con dos golpes, por un hecho ocurrido el sábado, en el tercer recorrido. Así, terminó empatado en el tercer sitio, al lado del sudafricano Ian Snyman (67) y de otro coreano, Taehee Lee (69). Cada uno de los tres jugadores acumuló un total de 275 golpes, nueve-bajo par.

Santiago de la Fuente participó en este clásico, pero con poca suerte. Disparó rondas de 79-77, 156 golpes y no logró librar el corte.

Mauricio Durazo Villanueva

DP World Tour, el sueco Mikael Lindberg, superó en la recta final del Turkish Airlines Open

DP World Tour, el sueco Mikael Lindberg, superó en la recta final del Turkish Airlines Open

En al DP World Tour, el sueco Mikael Lindberg superó en la recta final del Turkish Airlines Open, al portugués Daniel Rodrigues y al italiano Guido Migliozzi, quienes se quedaron a dos golpes del nuevo campeón, un jugador que debió esperar varios años antes de poder levantar un trofeo en este circuito. La semana previa, en el China Open, Lindberg había mostrado que estaba cerca de coronarse campeón, ya que con un gran cierre, se quedó solitario en la tercera posición, detrás del austríaco Bernd Wiesberger, el ganador, y del español Adrián Otaegui.

Esta vez, Lindberg, de 33 años, no dejó lugar a dudas, ya que trabajó una consistente ronda final de 69 golpes, tres-bajo par, bajo una pertinaz lluvia, que complicó el juego en los 18 hoyos finales. Sus parciales fueron de 66-73-70-69 para score de 278 golpes, 10-bajo par. El joven portugués, quien causó una gran impresión, se quedó empatado en la segunda posición, con score de 280 golpes, ocho-bajo par, producto de vueltas de 72-69-68-71. Mostró una gran consistencia y se mantuvo en la pelea hasta el final del torneo.

Por su parte, el italiano Migliozzi también estuvo cerca de las primeras posiciones y solamente le faltó embocar putts decisivos en los momentos clave. Aun así, fue una gran demostración del ítalo, quien sumó parciales de 71-71-68-70 para 280 golpes, ocho-bajo par.

Mikael Lindberg, por su parte, asciende al número 35 del Race to Dubai, la clasificación del DP World Tour y trepa al número 129 del ranking mundial. Hoy, en su recorrido ganador con 69 golpes, acertó un gran total de seis birdies, que parcialmente fueron compensados por tres bogeys que cometió. El torneo se disputó en Antalya, Turquía.

Mauricio Durazo Villanueva

Ladies European Tour, la danesa Smilla Soenderby anotó una tarjeta final de 67 golpes

Ladies European Tour, la danesa Smilla Soenderby anotó una tarjeta final de 67 golpes

En el Ladies European Tour, la danesa Smilla Soenderby anotó una tarjeta final de 67 golpes, cinco-bajo par, que fue suficiente para llevarse el título en la edición inaugural del MCB Ladies Classic -Mauritius- , disputado en la isla del mismo nombre, en un torneo que se jugó a 54 hoyos. La jugadora de Dinamarca jugó un golf de gran consistencia, con parciales de 66-69-67, para score de 202 golpes, 14-bajo par. Fue una jornada final de alarido, ya que Smilla pudo superar a la sueca Kajsa Arwefjall (66) y a la sudafricana Casandra Alexander (68), quienes empataron en la segunda posición, cada una con score de 203 golpes, 13-bajo par.

La campeona tuvo un gran cierre en este clásico, ya que a pesar de haber sufrido dos bogeys en su recorrido final, embocó águila en el hoyo 6 y agregó birdies en los hoyos 9, 10, 13, 15 y 18. Dramáticamente, el birdie del 18 fue el que le dio la victoria. Con este, ya son dos títulos que ha capturado en este circuito. Fue un momento de gran emotividad en el hoyo final, en donde Smilla alcanzó el par-5 de dos golpes. Posteriormente, hizo los dos putts de rigor para levantar el trofeo y dejar a sus dos competidoras en la orilla.

La francesa Agathe Laisne, ganadora en Joburg, Sudáfria hace dos semanas, se quedó a cuatro golpes de la campeona. Con score de 206 golpes, 10-bajo par, compartió el quinto sitio.
La mexicana Fernanda Lira logró pasar el corte y con parciales de 73-72-73 finalizó muy rezagada, en el lugar 66, con score de 218 golpes, dos-sobre par.

Mauricio Durazo Villanueva

Jorge Gamarra: el patriarca de los caddies argentinos que lleva 38 años en Europa y estuvo con el Cabrera más “salvaje”

Jorge Gamarra: el patriarca de los caddies argentinos que lleva 38 años en Europa y estuvo con el Cabrera más “salvaje”

 

Arribó en 1988 al Viejo Continente con lo mínimo, llevó los palos a golfistas campeones y fue testigo de la evolución del golf a través de las décadas

 

Jorge Gamarra sigue más activo que nunca a sus 63 años. En el Turkish Airlines Open le llevó los palos al chino Ashun Wu, que estaba a dos golpes de la punta antes de la última vuelta y terminó 29°. Gamarra es una suerte de patriarca de los caddies argentinos: desde hace 38 años mantiene su peregrinaje por las canchas del Tour Europeo y otros circuitos. En 1977 comenzó a cargar la bolsa en el Golf Club Villa Adelina, localidad donde nació. Era aspirante a profesional, pero enseguida se dio cuenta de que no tendría suficiente nivel. Ante la falta de trabajo, en 1988 le surgió la idea de partir rumbo al Viejo Continente. Y para pagarse el viaje, vendió sus palos y una moto que usaba para hacer fletes.

 

 

En los primeros seis meses en Europa bajó 10 kilos de lo mal que comía, pero quería seguir a toda costa por su pasión por el golf y de a poco se fue ganando la confianza de los caddies ingleses, a pesar de que la Guerra de las Malvinas estaba muy fresca en la memoria. Desde 2001 está asentado en Hamburgo y vive con su esposa alemana, Sabine. Su currículum es inacabable: fue caddie de Vicente Fernández (1988-1989), del español José Rivero hasta 1996 y de Angel Cabrera, entre 1997 y 2000. Estuvo seis años con el italiano Francesco Molinari, y en períodos más cortos con Armando Saavedra, José Cóceres (en el PGA Tour), Carlos Franco, Miguel Ángel Jiménez y Jorge Berendt. También trabajó con el italiano Alvaro Binagui, el español Miguel Angel Martín y, mucho más acá en el tiempo, con su compatriota Alvaro Quirós.

 

 

“¿Buen score, eh? 63”, dice Gamarra, bromeando con su edad y en alusión a su vitalidad. A razón de 30 certámenes profesionales por temporada, ya superó los 1100 torneos llevando palos y piensa seguir. Pronto, este pionero de los caddies de nuestro país, aquel que sentó las bases para moverse en el exterior, se entrega a un repaso de su vida deportiva con La NACION en el Club House del National Golf Club, escenario del Abierto de Turquía donde se impuso el sueco Mikael

-Es una pregunta amplia, pero… ¿En qué cambió aquel Tour Europeo desde fines de los ’80 hasta este DP World Tour de hoy?

 

-Ha mejorado en todos los aspectos: en la calidad de los viajes, en el lugar que tenemos los caddies para comer y en el trato de los jugadores con nosotros; hay más respeto en general. En aquella época no podíamos pagar un vuelo de avión; en cambio, ahora podemos volar todas las semanas, dormir en un hotel y comer todos los días. Antes había que elegir: si pagabas un hotel, no podías comer. Y si comías, tenías que vivir en una carpa, ¿no? Sucedía que por la semana de trabajo te pagaban 150 libras esterlinas más los porcentajes, pero los premios no eran muy grandes en aquel entonces. Por eso, si abonabas el hotel, se te iban 100 libras y te quedaban 50 para viajar y comer… Se complicaba.

 

 

-¿Y entonces cómo subsistían?

 

-No era fácil; trabajábamos doble turno: estábamos con un jugador a la mañana y con otro por la tarde. Sinceramente no había muchos caddies porque no era un negocio vivir de esta actividad. Pero yo trabajaba porque había que laburar, así me lo enseñaron en mi casa.

 

 

-Usted hablaba del respeto…

 

-Pasaba que no se nos respetaba tanto en los clubes. Los jugadores tampoco tenían lugar para comer, debían pagarse el almuerzo y eran muy pocos los torneos donde teníamos acceso a un buen sitio. Los caddies no podíamos entrar en los vestuarios y nos quedábamos en carpas improvisadas dentro del club, a veces sin el visto bueno. Además, teníamos que pedirles permiso a los encargados de los vestuarios para ducharnos muy temprano, cuando no había nadie, o muy tarde, cuando ya se iban todos. La idea era que no nos vieran, era todo medio a las escondidas. Incluso, a veces ni siquiera nos dejaban tomar un café por la mañana.

 

 

-¿Y después?

 

 

-Ya en un momento, los jugadores y caddies argentinos empezamos a hacer fila en los teléfonos públicos y metíamos monedas. Cuando se terminaba de hablar y se colgaba el teléfono, empezaban a caer las monedas: tac-tac-tac-tac-tac. Pero ya cuando llegaba el siguiente no podía hablar porque el teléfono se había llenado de monedas… Después se mejoró mucho con unas tarjetas que traían códigos. Pero aunque todo era más duro, me gustaba más aquella época en ese aspecto…

 

-¿Por qué?

 

-Porque me conectaba mejor con el lugar en donde estaba trabajando. Me afincaba más en el sitio en cuestión. Ahora no sabés dónde estás, porque permanecés tanto tiempo con internet y el celular, con familia y amigos, que no sabés en dónde te hallás.

 

 

-Hablaba de los ingresos semanales, ¿cuánto gana un caddie hoy en Europa?

 

-Un caddie hoy estará en un mínimo de 1200 euros a la semana. No es del todo bueno porque si sacás la cuenta, son 400 para el hotel, 400 para viajar y 400 para comer. Si estás solo, bien, te las arreglás, pero si tenés familia… ¿cómo haces? Yo percibo un poco más, porque hace mucho tiempo que estoy, pero sé que muchos andan en esa cifra. Aunque lógicamente, los premios son mejores y se hace diferencia con los porcentajes.

 

-¿Cómo es hoy la manera de trabajar con el jugador respecto de lo que era antes?

 

-También mejoró muchísimo: hoy hay jugadores cada vez más buenos, más fuertes, porque existe mucha ayuda de las máquinas. Yo siempre digo que antes los “trackman” éramos nosotros, no existía este dispositivo para los cálculos en el golf. Entonces los caddies llevábamos todos los números en la cabeza, porque teníamos marcados los árboles, los dog legs de los campos… Hoy te dan un libro perfecto con todos los datos y el jugador te da automáticamente la medida de lo que pega a través del trackman. Antes, nosotros teníamos que sacar la cuenta en las vueltas de práctica y en el driving range.

 

-¿Y cuál es la diferencia hoy respecto de los palos y las pelotas de antes?

 

-En los ’80 se jugaba con una pelota que se llamaba Titleist Tour Balata, muy popular por aquella época. Era una pelota que el viento movía mucho. Por ejemplo, si soplaban ráfagas fuertes de derecha a izquierda y había una laguna a la derecha, tenías que apuntarle al agua. Hoy, en cambio, la pelota va prácticamente recta, se mueve muy, muy poco, y los palos de golf actuales tienen tornillos; si no te adaptás a ellos los podés modificar. Antes no: había un drive de madera y era ése, dos varas y ya está, con lo que había mucha habilidad de parte del jugador. Estaban las maderas laminadas y las de persimmon, que eran macizas. Hoy, el equipo a disposición es impresionante: si un profesional está pegando mal y la pelota sale baja, por ejemplo, puede probar otras varas. Las compañías de palos y pelotas de la industria del golf se ocupan en hacerte feliz, de hacerte pegar como a vos te gusta. Antes no: te daban el equipo y arreglate.

 

-¿Qué pasaba con el juego en sí mismo?

 

-Antes se premiaba la habilidad del jugador y la viveza, la creatividad. Hoy es todo gimnasio y pegar fuerte. Cada vez los campos tienen menos rough, entonces pegan bombas. En el pasado eran muy pocos los que pegaban fuerte. Varias décadas atrás, con viento en contra, se llegaba a pegar driver y driver en un mismo hoyo. O para un segundo tiro, con viento a favor usabas el pitching wedge y con viento en contra, un hierro 4; había una diferencia enorme. Hoy ya no: la diferencia del viento a favor y en contra son apenas dos palos. En el presente es mucho más fácil el golf, pero también es verdad que la competición ha crecido mucho. Antes, los jugadores no tenían psicólogo ni preparador físico, no se entrenaban tan duro. Tampoco había masajista cuando termina la vuelta. Ahora sí hay, pero a los caddies no nos masajea nadie, jaja…

 

-Cuénteme cosas de su período con Cabrera.

 

-Con el Pato estuve en sus comienzos en Europa, de 1997 al 2000. En el 99′, recuerdo que quedamos a un golpe del playoff en el Open de Carnoustie, donde colapsó Jean Van de Velde; me acuerdo del sábado con Ángel y era impresionante: erraba, y desde donde estaba, ¡pum!, la dejaba en el green. Estaba con una confianza increíble, pero me parece que pecó de exceso de confianza el último día. Aunque también desde aquel Abierto Británico, al terminar cuarto, la carrera de Cabrera despegó, porque empezó a tener excepciones para los majors y la clasificación a los mejores torneos del circuito.

 

-¿Cómo era el Pato en cuanto a personalidad en sus comienzos en Europa?

 

-Y… había que educarlo bastante. Logré sacarle la Coca-Cola, porque tomaba mucha. Y había que llevarlo para todos lados, porque él no hablaba nada de inglés: tenía que reservarle hotel, conseguirle los lugares adonde se iba a quedar… Lo ayudé en muchos aspectos, no solo dentro del campo, también fuera de él.

 

-¿Y dentro de la cancha?

 

-No es una persona fácil de llevar, pero eso no quiere decir que sea malo. Es el jugador más difícil de todos entre los que yo trabajé, aunque si me pongo a pensar, ninguno es fácil.

 

-Sí, le veía potencial en su momento, sabía que podría estar entre los seis mejores jugadores del mundo. No llegó

-¿Qué tenía él a la hora de jugar?

 

-En esos años era muy, muy potente. Como contaba: la sacaba del rough y la paraba en el green. Lástima que no hay estadísticas de aquella época. En una vuelta de práctica en un British Open, no me puedo acordar qué campo, había un par 5 en el que todos se sorprendían: “Ohhh, Tiger Woods pegó un drive y hierro 7”. En ese mismo hoyo, el Pato pegó drive y hierro 9, como para hacerse una idea de hasta dónde podía mandar la pelota cuando hacía bien el swing. Pegaba muy, muy fuerte y bastante recto. Era muy bueno con las salidas y los hierros, tocaba bien en los greenes rápidos, pero no era tan bueno con el approach. Cuando caía en el búnker no te quedabas tranquilo.

 

-¿Era de pedirle mucha información a usted en el campo?

 

-El tema es que los jugadores son muy ellos y no les gusta consultar. Él no me preguntaba: “¿Qué palo te gusta?” o “¿Qué estás pensando?”. Sino “¿Cuánto pego?”. No siempre le acertaba el palo. Una vez tuvimos que sentarnos a charlar porque no podíamos seguir jugando de esa manera. Pasaba que se había vuelto incontrolable con los palos y las distancias. También, logré que empezara a pegar con fade y a partir de ahí mejoró mucho. Pero cuando arrancó en el tour erraba los greens hasta con el sand wedge y era un desperdicio. Una vez lo agarró Seve Ballesteros y le dijo: “¡Tío! ¡No puedes estar en el medio del fairway y no coger el green!”.

 

-Volviendo a usted. ¿Cuánto más tiene para ofrecer como caddie?

 

-Todavía tengo la tranquilidad de los mensajes que me mandan algunos jugadores; me dicen que les transmito calma. Y eso es importante, independientemente de la estrategia del campo, de leer bien alguna caída y demás. Está bueno que alguno quiera requerir de mis servicios. Pero tampoco descanso en mi experiencia ni me encierro; hay que adaptarse al golf moderno, como cualquier persona que está dentro de un deporte. Es verdad, también, que pareciera que hoy no hacemos nada en el campo por el famoso trackman, que te calcula todo: te dice cuánto va a volar la pelota a distintos grados, lo que va a rodar y la dirección e intensidad de los vientos. Hoy sacamos números tanto el caddie como el jugador. Pero me encanta esta profesión: salvo lo duros que eran aquellos primeros viajes, siento como si no hubiese trabajado nunca en 38 años…

 

Cortesia

Gastón Saiz

LA NACION