DP World Tour, el sueco Mikael Lindberg, superó en la recta final del Turkish Airlines Open

DP World Tour, el sueco Mikael Lindberg, superó en la recta final del Turkish Airlines Open

En al DP World Tour, el sueco Mikael Lindberg superó en la recta final del Turkish Airlines Open, al portugués Daniel Rodrigues y al italiano Guido Migliozzi, quienes se quedaron a dos golpes del nuevo campeón, un jugador que debió esperar varios años antes de poder levantar un trofeo en este circuito. La semana previa, en el China Open, Lindberg había mostrado que estaba cerca de coronarse campeón, ya que con un gran cierre, se quedó solitario en la tercera posición, detrás del austríaco Bernd Wiesberger, el ganador, y del español Adrián Otaegui.

Esta vez, Lindberg, de 33 años, no dejó lugar a dudas, ya que trabajó una consistente ronda final de 69 golpes, tres-bajo par, bajo una pertinaz lluvia, que complicó el juego en los 18 hoyos finales. Sus parciales fueron de 66-73-70-69 para score de 278 golpes, 10-bajo par. El joven portugués, quien causó una gran impresión, se quedó empatado en la segunda posición, con score de 280 golpes, ocho-bajo par, producto de vueltas de 72-69-68-71. Mostró una gran consistencia y se mantuvo en la pelea hasta el final del torneo.

Por su parte, el italiano Migliozzi también estuvo cerca de las primeras posiciones y solamente le faltó embocar putts decisivos en los momentos clave. Aun así, fue una gran demostración del ítalo, quien sumó parciales de 71-71-68-70 para 280 golpes, ocho-bajo par.

Mikael Lindberg, por su parte, asciende al número 35 del Race to Dubai, la clasificación del DP World Tour y trepa al número 129 del ranking mundial. Hoy, en su recorrido ganador con 69 golpes, acertó un gran total de seis birdies, que parcialmente fueron compensados por tres bogeys que cometió. El torneo se disputó en Antalya, Turquía.

Mauricio Durazo Villanueva

Ladies European Tour, la danesa Smilla Soenderby anotó una tarjeta final de 67 golpes

Ladies European Tour, la danesa Smilla Soenderby anotó una tarjeta final de 67 golpes

En el Ladies European Tour, la danesa Smilla Soenderby anotó una tarjeta final de 67 golpes, cinco-bajo par, que fue suficiente para llevarse el título en la edición inaugural del MCB Ladies Classic -Mauritius- , disputado en la isla del mismo nombre, en un torneo que se jugó a 54 hoyos. La jugadora de Dinamarca jugó un golf de gran consistencia, con parciales de 66-69-67, para score de 202 golpes, 14-bajo par. Fue una jornada final de alarido, ya que Smilla pudo superar a la sueca Kajsa Arwefjall (66) y a la sudafricana Casandra Alexander (68), quienes empataron en la segunda posición, cada una con score de 203 golpes, 13-bajo par.

La campeona tuvo un gran cierre en este clásico, ya que a pesar de haber sufrido dos bogeys en su recorrido final, embocó águila en el hoyo 6 y agregó birdies en los hoyos 9, 10, 13, 15 y 18. Dramáticamente, el birdie del 18 fue el que le dio la victoria. Con este, ya son dos títulos que ha capturado en este circuito. Fue un momento de gran emotividad en el hoyo final, en donde Smilla alcanzó el par-5 de dos golpes. Posteriormente, hizo los dos putts de rigor para levantar el trofeo y dejar a sus dos competidoras en la orilla.

La francesa Agathe Laisne, ganadora en Joburg, Sudáfria hace dos semanas, se quedó a cuatro golpes de la campeona. Con score de 206 golpes, 10-bajo par, compartió el quinto sitio.
La mexicana Fernanda Lira logró pasar el corte y con parciales de 73-72-73 finalizó muy rezagada, en el lugar 66, con score de 218 golpes, dos-sobre par.

Mauricio Durazo Villanueva

Jorge Gamarra: el patriarca de los caddies argentinos que lleva 38 años en Europa y estuvo con el Cabrera más “salvaje”

Jorge Gamarra: el patriarca de los caddies argentinos que lleva 38 años en Europa y estuvo con el Cabrera más “salvaje”

 

Arribó en 1988 al Viejo Continente con lo mínimo, llevó los palos a golfistas campeones y fue testigo de la evolución del golf a través de las décadas

 

Jorge Gamarra sigue más activo que nunca a sus 63 años. En el Turkish Airlines Open le llevó los palos al chino Ashun Wu, que estaba a dos golpes de la punta antes de la última vuelta y terminó 29°. Gamarra es una suerte de patriarca de los caddies argentinos: desde hace 38 años mantiene su peregrinaje por las canchas del Tour Europeo y otros circuitos. En 1977 comenzó a cargar la bolsa en el Golf Club Villa Adelina, localidad donde nació. Era aspirante a profesional, pero enseguida se dio cuenta de que no tendría suficiente nivel. Ante la falta de trabajo, en 1988 le surgió la idea de partir rumbo al Viejo Continente. Y para pagarse el viaje, vendió sus palos y una moto que usaba para hacer fletes.

 

 

En los primeros seis meses en Europa bajó 10 kilos de lo mal que comía, pero quería seguir a toda costa por su pasión por el golf y de a poco se fue ganando la confianza de los caddies ingleses, a pesar de que la Guerra de las Malvinas estaba muy fresca en la memoria. Desde 2001 está asentado en Hamburgo y vive con su esposa alemana, Sabine. Su currículum es inacabable: fue caddie de Vicente Fernández (1988-1989), del español José Rivero hasta 1996 y de Angel Cabrera, entre 1997 y 2000. Estuvo seis años con el italiano Francesco Molinari, y en períodos más cortos con Armando Saavedra, José Cóceres (en el PGA Tour), Carlos Franco, Miguel Ángel Jiménez y Jorge Berendt. También trabajó con el italiano Alvaro Binagui, el español Miguel Angel Martín y, mucho más acá en el tiempo, con su compatriota Alvaro Quirós.

 

 

“¿Buen score, eh? 63”, dice Gamarra, bromeando con su edad y en alusión a su vitalidad. A razón de 30 certámenes profesionales por temporada, ya superó los 1100 torneos llevando palos y piensa seguir. Pronto, este pionero de los caddies de nuestro país, aquel que sentó las bases para moverse en el exterior, se entrega a un repaso de su vida deportiva con La NACION en el Club House del National Golf Club, escenario del Abierto de Turquía donde se impuso el sueco Mikael

-Es una pregunta amplia, pero… ¿En qué cambió aquel Tour Europeo desde fines de los ’80 hasta este DP World Tour de hoy?

 

-Ha mejorado en todos los aspectos: en la calidad de los viajes, en el lugar que tenemos los caddies para comer y en el trato de los jugadores con nosotros; hay más respeto en general. En aquella época no podíamos pagar un vuelo de avión; en cambio, ahora podemos volar todas las semanas, dormir en un hotel y comer todos los días. Antes había que elegir: si pagabas un hotel, no podías comer. Y si comías, tenías que vivir en una carpa, ¿no? Sucedía que por la semana de trabajo te pagaban 150 libras esterlinas más los porcentajes, pero los premios no eran muy grandes en aquel entonces. Por eso, si abonabas el hotel, se te iban 100 libras y te quedaban 50 para viajar y comer… Se complicaba.

 

 

-¿Y entonces cómo subsistían?

 

-No era fácil; trabajábamos doble turno: estábamos con un jugador a la mañana y con otro por la tarde. Sinceramente no había muchos caddies porque no era un negocio vivir de esta actividad. Pero yo trabajaba porque había que laburar, así me lo enseñaron en mi casa.

 

 

-Usted hablaba del respeto…

 

-Pasaba que no se nos respetaba tanto en los clubes. Los jugadores tampoco tenían lugar para comer, debían pagarse el almuerzo y eran muy pocos los torneos donde teníamos acceso a un buen sitio. Los caddies no podíamos entrar en los vestuarios y nos quedábamos en carpas improvisadas dentro del club, a veces sin el visto bueno. Además, teníamos que pedirles permiso a los encargados de los vestuarios para ducharnos muy temprano, cuando no había nadie, o muy tarde, cuando ya se iban todos. La idea era que no nos vieran, era todo medio a las escondidas. Incluso, a veces ni siquiera nos dejaban tomar un café por la mañana.

 

 

-¿Y después?

 

 

-Ya en un momento, los jugadores y caddies argentinos empezamos a hacer fila en los teléfonos públicos y metíamos monedas. Cuando se terminaba de hablar y se colgaba el teléfono, empezaban a caer las monedas: tac-tac-tac-tac-tac. Pero ya cuando llegaba el siguiente no podía hablar porque el teléfono se había llenado de monedas… Después se mejoró mucho con unas tarjetas que traían códigos. Pero aunque todo era más duro, me gustaba más aquella época en ese aspecto…

 

-¿Por qué?

 

-Porque me conectaba mejor con el lugar en donde estaba trabajando. Me afincaba más en el sitio en cuestión. Ahora no sabés dónde estás, porque permanecés tanto tiempo con internet y el celular, con familia y amigos, que no sabés en dónde te hallás.

 

 

-Hablaba de los ingresos semanales, ¿cuánto gana un caddie hoy en Europa?

 

-Un caddie hoy estará en un mínimo de 1200 euros a la semana. No es del todo bueno porque si sacás la cuenta, son 400 para el hotel, 400 para viajar y 400 para comer. Si estás solo, bien, te las arreglás, pero si tenés familia… ¿cómo haces? Yo percibo un poco más, porque hace mucho tiempo que estoy, pero sé que muchos andan en esa cifra. Aunque lógicamente, los premios son mejores y se hace diferencia con los porcentajes.

 

-¿Cómo es hoy la manera de trabajar con el jugador respecto de lo que era antes?

 

-También mejoró muchísimo: hoy hay jugadores cada vez más buenos, más fuertes, porque existe mucha ayuda de las máquinas. Yo siempre digo que antes los “trackman” éramos nosotros, no existía este dispositivo para los cálculos en el golf. Entonces los caddies llevábamos todos los números en la cabeza, porque teníamos marcados los árboles, los dog legs de los campos… Hoy te dan un libro perfecto con todos los datos y el jugador te da automáticamente la medida de lo que pega a través del trackman. Antes, nosotros teníamos que sacar la cuenta en las vueltas de práctica y en el driving range.

 

-¿Y cuál es la diferencia hoy respecto de los palos y las pelotas de antes?

 

-En los ’80 se jugaba con una pelota que se llamaba Titleist Tour Balata, muy popular por aquella época. Era una pelota que el viento movía mucho. Por ejemplo, si soplaban ráfagas fuertes de derecha a izquierda y había una laguna a la derecha, tenías que apuntarle al agua. Hoy, en cambio, la pelota va prácticamente recta, se mueve muy, muy poco, y los palos de golf actuales tienen tornillos; si no te adaptás a ellos los podés modificar. Antes no: había un drive de madera y era ése, dos varas y ya está, con lo que había mucha habilidad de parte del jugador. Estaban las maderas laminadas y las de persimmon, que eran macizas. Hoy, el equipo a disposición es impresionante: si un profesional está pegando mal y la pelota sale baja, por ejemplo, puede probar otras varas. Las compañías de palos y pelotas de la industria del golf se ocupan en hacerte feliz, de hacerte pegar como a vos te gusta. Antes no: te daban el equipo y arreglate.

 

-¿Qué pasaba con el juego en sí mismo?

 

-Antes se premiaba la habilidad del jugador y la viveza, la creatividad. Hoy es todo gimnasio y pegar fuerte. Cada vez los campos tienen menos rough, entonces pegan bombas. En el pasado eran muy pocos los que pegaban fuerte. Varias décadas atrás, con viento en contra, se llegaba a pegar driver y driver en un mismo hoyo. O para un segundo tiro, con viento a favor usabas el pitching wedge y con viento en contra, un hierro 4; había una diferencia enorme. Hoy ya no: la diferencia del viento a favor y en contra son apenas dos palos. En el presente es mucho más fácil el golf, pero también es verdad que la competición ha crecido mucho. Antes, los jugadores no tenían psicólogo ni preparador físico, no se entrenaban tan duro. Tampoco había masajista cuando termina la vuelta. Ahora sí hay, pero a los caddies no nos masajea nadie, jaja…

 

-Cuénteme cosas de su período con Cabrera.

 

-Con el Pato estuve en sus comienzos en Europa, de 1997 al 2000. En el 99′, recuerdo que quedamos a un golpe del playoff en el Open de Carnoustie, donde colapsó Jean Van de Velde; me acuerdo del sábado con Ángel y era impresionante: erraba, y desde donde estaba, ¡pum!, la dejaba en el green. Estaba con una confianza increíble, pero me parece que pecó de exceso de confianza el último día. Aunque también desde aquel Abierto Británico, al terminar cuarto, la carrera de Cabrera despegó, porque empezó a tener excepciones para los majors y la clasificación a los mejores torneos del circuito.

 

-¿Cómo era el Pato en cuanto a personalidad en sus comienzos en Europa?

 

-Y… había que educarlo bastante. Logré sacarle la Coca-Cola, porque tomaba mucha. Y había que llevarlo para todos lados, porque él no hablaba nada de inglés: tenía que reservarle hotel, conseguirle los lugares adonde se iba a quedar… Lo ayudé en muchos aspectos, no solo dentro del campo, también fuera de él.

 

-¿Y dentro de la cancha?

 

-No es una persona fácil de llevar, pero eso no quiere decir que sea malo. Es el jugador más difícil de todos entre los que yo trabajé, aunque si me pongo a pensar, ninguno es fácil.

 

-Sí, le veía potencial en su momento, sabía que podría estar entre los seis mejores jugadores del mundo. No llegó

-¿Qué tenía él a la hora de jugar?

 

-En esos años era muy, muy potente. Como contaba: la sacaba del rough y la paraba en el green. Lástima que no hay estadísticas de aquella época. En una vuelta de práctica en un British Open, no me puedo acordar qué campo, había un par 5 en el que todos se sorprendían: “Ohhh, Tiger Woods pegó un drive y hierro 7”. En ese mismo hoyo, el Pato pegó drive y hierro 9, como para hacerse una idea de hasta dónde podía mandar la pelota cuando hacía bien el swing. Pegaba muy, muy fuerte y bastante recto. Era muy bueno con las salidas y los hierros, tocaba bien en los greenes rápidos, pero no era tan bueno con el approach. Cuando caía en el búnker no te quedabas tranquilo.

 

-¿Era de pedirle mucha información a usted en el campo?

 

-El tema es que los jugadores son muy ellos y no les gusta consultar. Él no me preguntaba: “¿Qué palo te gusta?” o “¿Qué estás pensando?”. Sino “¿Cuánto pego?”. No siempre le acertaba el palo. Una vez tuvimos que sentarnos a charlar porque no podíamos seguir jugando de esa manera. Pasaba que se había vuelto incontrolable con los palos y las distancias. También, logré que empezara a pegar con fade y a partir de ahí mejoró mucho. Pero cuando arrancó en el tour erraba los greens hasta con el sand wedge y era un desperdicio. Una vez lo agarró Seve Ballesteros y le dijo: “¡Tío! ¡No puedes estar en el medio del fairway y no coger el green!”.

 

-Volviendo a usted. ¿Cuánto más tiene para ofrecer como caddie?

 

-Todavía tengo la tranquilidad de los mensajes que me mandan algunos jugadores; me dicen que les transmito calma. Y eso es importante, independientemente de la estrategia del campo, de leer bien alguna caída y demás. Está bueno que alguno quiera requerir de mis servicios. Pero tampoco descanso en mi experiencia ni me encierro; hay que adaptarse al golf moderno, como cualquier persona que está dentro de un deporte. Es verdad, también, que pareciera que hoy no hacemos nada en el campo por el famoso trackman, que te calcula todo: te dice cuánto va a volar la pelota a distintos grados, lo que va a rodar y la dirección e intensidad de los vientos. Hoy sacamos números tanto el caddie como el jugador. Pero me encanta esta profesión: salvo lo duros que eran aquellos primeros viajes, siento como si no hubiese trabajado nunca en 38 años…

 

Cortesia

Gastón Saiz

LA NACION

 

Mikael Lindberg ganó el Turkish Airlines Open y se quedó con su primer torneo en el DP World Tour

Mikael Lindberg ganó el Turkish Airlines Open y se quedó con su primer torneo en el DP World Tour

Superó por dos golpes al portugués Daniel Rodrigues y al italiano Guido Migliozzi; se clasificó para el PGA Championship

ANTALYA, Turquía.- No atinó a celebrar, sino a esbozar un gesto de alivio y hasta con un dejo de tristeza. Se tomó el rostro y pareció haberse quitado un gran peso de encima. Una forma, también, de empezar a cambiar el rumbo de una carrera hasta ahora sin grandes bríos. Cuando sus amigos y allegados se le acercaron al green del 18 como una tromba, ahí sí Mikael Lindberg sonrió. No era para menos: acababa de conseguir su primer título del DP World Tour y la clasificación para el PGA Championship -su primer major- con una victoria por dos golpes en el Turkish Airlines Open.

 

El sueco llegaba a esta escala en Turquía con números redondos: disputaba su 70° torneo en el Tour Europeo. Y también, venía dando buenas señales de que iría a la carga en el National Club de Belek, una cancha espectacular que desbarató las intenciones de los jugadores de bajar el par de campo por mucho, en una cancha muy pesada por la lluvia.

 

Lindberg avisó: fue puntero tras la primera y tercera vuelta; finalmente, en los últimos 18 hoyos contuvo a su compañero de juego Daniel Rodrigues, con una ronda final de 69 golpes (-3), para terminar con diez bajo par y un total de 278 (-10). Segundos, a dos, quedaron el portugués -puntero hasta el sábado y que cargaba con la pobre cosecha de su país en este circuito- y el italiano Guido Migliozzi, el que posiblemente mejor se perfilaba para ganar por sus cuatro títulos previos en el circuito.

 

“Esto es como un sueño hecho realidad. Llevo años soñando con un título y lo conseguí en una semana muy dura. Iba liderando después de la primera ronda y fue mentalmente muy exigente, así que es genial haberlo conseguido. Fue complicado para todos”, comentó Lindberg, que se situó en la cima del ranking del Asian Swing y encontró el pasaje para actuar en dos semanas en el Aronimink Golf Club, escenario del PGA Championship. Lo acompañarán el austríaco Bernd Wiesberger y el estadounidense Jordan Gumberg, quienes terminaron segundo y tercero en el ranking respectivamente en ese listado.

 

Autor de la vuelta más baja de la semana (los 66 golpes del jueves), para Lindberg es por lejos su trofeo más importante, porque siempre fluctuó en categorías de torneos inferiores: consiguió cinco triunfos en la Nordic League, dos en el Challenge Tour y una más en el circuito sueco. Ahora, se aseguró por dos años la tarjeta del DP World Tour, una gira que tiene bastante rotación de jugadores y que no permite que los mejores se consoliden, ya que los diez mejores clasificados al cabo de la temporada se van para el PGA Tour, la meca de todo golfista.

 

Reconoció Lindberg que en los primeros nueve hoyos rindió mucho mejor de lo que esperaba; aprovechó un poco la situación, con cuatro birdies y dos bogey. “Luego nos enteramos de que habría agua a partir del hoyo 10 y que se avecinaba mal tiempo, así que todos intentamos acelerar un poco, pero fue bravo realmente”, mencionó el sueco, que volvió a dar zarpazos hacia la victoria con los aciertos en los hoyos 13 y 14, con un único freno en el bogey del 15. En definitiva, en medio de una lluvia persistente, todo se redujo a una batalla entre Lindberg, Rodrigues y Migliozzi, con el portugués y el italiano al acecho, aunque ambos sin empujar del todo y a la espera infructuosa de que el escandinavo se cayera.

 

Así concluyó este Turkish Airlines Open que dejó con un sinsabor a Andrés Gallegos, único argentino participante y también el solitario miembro de nuestro país en el DP World Tour. El lobense de 33 años no pudo pasar el corte después de una buena primera vuelta de -1 y un trayecto de ida fatídica en la segunda, con dos dobles bogeys que lo sacaron del torneo. Ahora, el jugador formado en Aeroclub Fortín Lobos, proveniente de una familia fanática del golf, procurará empezar a sumar puntos vitales la próxima semana en Catalunya Championship, en la cancha El Prat de Barcelona.

 

 

Cortesia 

Gastón Saiz

LA NACION

 

 

 

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Korda, feliz por una semana perfecta en “el paraíso”

Korda, feliz por una semana perfecta en “el paraíso”

Playa del Carmen, Quintana Roo, 3 de mayo de 2026.- Nelly Korda demostró su profesionalismo al llegar con determinación al campo de El Camaleón para conquistar el trofeo del Riviera Maya Open at Mayakoba, una semana después de ganar el Chevron Championship.

La estadounidense describió como “perfecta” su semana en el desafiante campo diseñado por Greg Norman, y reveló su deseo de regresar el próximo año.

“Creo que fue una semana perfecta. He estado aquí de vacaciones y ahora para competir. Creo que fue una semana perfecta después de un Major. Me sentí súper relajada, pero sabía que tenía que apretar y estaba aquí para trabajar. Es como un pedazo del paraíso, los resorts son increíbles, la comida es increíble. Debo decir que estoy ‘entacada’. No voy a tocar un taco por al menos dos semanas, he comido demasiados”, confesó Korda.

Nelly siempre tuvo claro que llegó a Mayakoba con la intención de ganar, como lo hace en cada torneo. “Ese es el objetivo principal. A veces te quedas lejos de ganar,

pero eso siempre es muy motivante para mí. En el deporte, obviamente, quieres llegar a lo máximo, pero también hay algo sobre las derrotas que te enseñan mucho, y te hace muy agradecido por estos momentos que me permiten estar aquí [como campeona], porque no muchas personas ven lo que pasa detrás de las puertas cerradas, la frustración después de tener una semana difícil”.

La golfista agradeció a todo su equipo de trabajo, el mismo desde que estaba en su segundo año en el Tour LPGA y que la ha visto pasar por momentos buenos y malos.

La siguiente parada en el Tour para Nelly será el Kroger Queen City Championship presented by P&G, al que admite llegará con confianza, luego de ligar triunfos. “Ahora mismo, lo único en lo que me estoy concentrando en es llegar a mi vuelo, irme a casa, tomar un par de días de descanso, y luego practicar de nuevo”, dijo.

 

 

PGA Tour, los hermanos Fitzpatrick, Matthew y Alex, impresionante victoria en el Zurich Classic of New Orleans

PGA Tour, los hermanos Fitzpatrick, Matthew y Alex, impresionante victoria en el Zurich Classic of New Orleans

En el PGA Tour, los hermanos Fitzpatrick, Matthew y Alex, consumaron un sueño largamente anhelado, con su impresionante victoria en el Zurich Classic of New Orleans, único torneo del circuito que se disputa en binomios. Cuando Alex Fitzpatrick triunfa en India, en lo que significó su primer título oficial en el DP World Tour y anuncian que jugarían los dos hermanos en New Orleans, comenzó a crecer la especulación acerca de las altas probabilidades de que los ingleses lograran el triunfo en este clásico. Efectivamente, la tremenda racha ganadora de Matthew Fitzpatrick en este año, en el Valspar y en el Heritage, ya lo colocaban como uno de los tres mejores del orbe actualmente.

Pues bien, este domingo, los pronósticos se hicieron realidad y los hermanos Fitzpatrick lograron una resonante victoria en el Zurich Classic. El torneo estuvo pleno de dramatismo en la jornada final, en donde el mexico-noruego, Kristoffer Ventura, estuvo a punto de irse a desempate, en compañía del también noruego, Kristoffer Reitan. En gran parte, esta locura desatada al final se debió a un terrible doble-bogey que cometieron los Fitzpatrick, en el hoyo 12. Otro más, en el hoyo 14, los hizo descender a 30-bajo par, situación que les abrió la puerta a dos equipos: el de Ventura y Reitan, de Noruega y al de Hayden Springer y Alex Smalley, estadunidenses.

Kristoffer Ventura, en la recta final, brilló intensamente, ya que estando en 28-bajo par, ejecutó un larguísimo drive en el par-5 del 18, que le dejó a su compañero una posición muy favorable para atacar la bandera. Reitan respondió con una extraordinaria ejecución, muy favorable para que Ventura embocara el putt para águila. Así, contundentemente, llegaron a 30-bajo par y se sentaron a esperar. Sin duda, era una gran posición y con altas posibilidades de lograr un empate y decidir en muerte súbita. Los Fitzpatrick, después del bogey en el 14, ya estaban empatados con Ventura-Reitan en 30-bajo par y Springer-Smalley también se acercaban a esta cifra. Lo relevante del binomio Ventura-Reitan, es que anotaron 65 golpes, siete-bajo par, en la ronda final. Esto lo lograron con el formato de tiro alterno, el más complicado. Igualaron el mismo registro (65) que los Fitzpatrick habían anotado en su ronda del viernes.

Con birdie en el hoyo final, Hayden Springer y Alex Smalley también llegaron a 30-bajo par, lo que puso el escenario para el dramático final. Desde un bunker, a 35 yardas de la bandera, Matthew Fitzpatrick ejecutó magistralmente, dejando la pelota a solo 40 centímetros para el birdie ganador, embocado por Alex Fitzpatrick. Con registro final de 71, uno-bajo par, los Fitzpatrick sumaron 257 golpes, 31-bajo par. Sus tres primeros parciales fueron de 64-65 y 57. Kristoffer Ventura y Kristoffer Reitan acumularon recorridos de 63-67-63-65 para 258 golpes, 30-bajo par. Finalmente, el binomio Springer-Smalley disparó vueltas de 58-70-62-68 para 258 golpes, 30-bajo par.

Esta victoria es contabilizada como una victoria oficial en el PGA Tour, pese a ser por equipos. El año pasado, Ben Griffin y Andrew Novak capturaron también su primera victoria en el circuito.
Un dato relevante fue el hecho de que Shane Lowry y Brooks Koepka no pasaron el corte del torneo. Cabe recordar que Lowry, en compañía de Rory McIlroy, lograron el título en 2024, en su debut en este torneo.

 

Mauricio Durazo Villanueva